2010/01/22

"El Proceso Paradine": Los mejores hombres terminando con las peores mujeres, o no.

Maestro entre maestros, el señor Alfred Hitchcock. Hay que sobrecogerse ante el pulso, la determinación, y lo magníficamente diseñada la obra que nos ocupa, film de una extraordinaria fuerza narrativa y visual de un film de finales de los 40. "El proceso Paradine" nos da un Hitchcock inspirado (como casi siempre) y llevando detalle a detalle de la manita, al propio espectador, algo que el mago del suspense siempre ha sabido hacer como nadie. La hermosa y agradable señora Paradine -Alida Valli- es acusada de haber asesinado a su marido ciego. Un abogado, Keane -Gregory Peck-, se encarga de su defensa. Aunque está casado con una bella mujer -Ann Todd-, Keane se enamora profundamente de su cliente, que le convence fácilmente de su inocencia...
El guión, escrito por Alma Reville, esta perfectamente hilvanado, perfectamente explicado para que cada detalle en él, sea cuanto menos sorprendente. La historia se mueve en su primera mitad, entre el misterioso asesinato del coronel, el suspense de no saber que es realmente lo que sucede. Hasta los 10 últimos minutos no se resuelve el pastel emocional, aunque desde bastante antes se puede intuir por donde irán los tiros, ojo, no molesta para nada, porque como digo, el film se basa en unos diálogos pulidos, perfectos, redondos, llenos de ingenio (incluso insuinuaciones de todo tipo, cosa que era un plus en los films de Hitchcock, y que solo el mago del suspense sabía introducir de manera sutil e irónica). El tema es interesantísimo más allá del caso del personaje de Gregory Peck. El eterno debate de la sugestión de la belleza con una personalidad extraordinaria, hipnótica pero que a su vez se basa en una cuestión de bien y mal que se define por los actos. Hitchcock y el propio guionista, nos vienen a perfilar como un mundo de hombres rodeado de mujeres, acaba siempre por atraerse a la maleficencia de un personaje como el de la señora Paradine. Magnífico personaje femenino interpretado por una colosal Alida Valli, femme fatale por excelencia, pero ojo, con un cerebro increíble, la escena donde desbarata a Peck, en el juicio es para enmarcar. El tema de la fidelidad a la bondad, del compromiso, se llevan por caminos nada trillados, reflejado en la estupenda esposa de Peck en el film, una humilde y extraordinaria actriz, Ann Todd, que interpreta a un bello personaje cargado de bondad. Digamos que el film pone al hombre como ser tentado hacia la perdición más allá de la ley, la justicia o las normas, y deja el plantel femenino para la reflexión. Pues interesante resulta ver como las cuatro mujeres del film se reparten el contenido introspectivo y moral del film, la hija del ayudante de Peck, con esos monólogos sobre los hombres, sobre el amor, impecables, la esposa del juez, que nunca pierde la esperanza ante su marido porque lo quiere de verdad, pero este a perdido todo su encanto como persona, algo que Hitchcock y su equipo se empeña en sacar a la palestra, ponerlo ante el jurado: Reconocer el error de dejarse llevar por la apariencia, por el deseo, y no saber valorar aquellas personas que nos aprecian de verdad, que saben sacar lo mejor de uno, curioso.

Por otro lado, estamos quizás ante la película de juicios y abogacía donde más mensaje introspectivo, dramático y moral tenga sin que veamos demasiado (algo así pasaba en "Rebecca" otro film de Hitchcock, donde el hecho criminal en sí, era narrado por los protagonistas sin llegar a verse jamás, donde el espectador imaginaba los hechos como si de una novela literaria se tratase, esto es fantástico, más quisieran muchos films actuales llegar a esta formar narrativa tan poco reconocida que solo Hitchcock sabía hacer). Y digo que sostiene mucho contenido, porque el film nos propone hacernos pensar, hay una cita que dice uno de los personajes del film (la esposa del juez, genial secundario por cierto) y es que, hay que saber dejar atrás el pasado, la atrocidad cometida no se solivianta con el castigo, más bien hay que saber valorar a las personas, pues demasiado duro es ya vivir. Y también, no me olvido, de lo oculto, un tema que es el esencial dentro del film, todos ocultamos sentimientos, emociones, por mucho juicio, por mucha jura de verdad con Biblia presente que tengamos, o por muy gentiles aparentemos ser. El punto, lo pone el personaje de Andre Latour. El público (me incluyo) dentro y fuera del film, no hará más que juzgarlo por su extravagancia, por sus formas, por sus tendencias insinuadas a la homosexualidad, por ocultarnos realmente las buenas formas por no degradar la figura del honor o la complicidad de los verdaderos sentimientos. Este mensaje es sumamente poderoso al final de la película, donde todo se va al garete tan rápido, tan sencillamente lógico y dramático, que el castillo de naipes se cae tras tenernos el realizador y el guionista, atados en una espiral de claustrofóbicas paredes sentimentales, pues nos vamos ahogando en el universo que se crea, poco a poco, sin darnos cuenta, hasta que la patada en las pelotas, si me lo permiten, es tan sublime, es tan realista-cinematográfica, que duele y se disfruta. Hitchcock era una persona que pensaba en la realidad como una película, y no le interesaba mostrarla de otra manera más que como él la veía, eso siempre ha sido un hecho en sus películas, en su maravilloso prisma de talento para contar una historia como esta con tal pulso, con tal dinamismo. Un guión maravilloso.

Hitchcock tras la cámara, creo que siempre ha sido un vanguardista en sus formas, en su manera de mover la cámara, fuese la época que fuese, tuviera los medios que sean. Aquí queda más que demostrado su grandeza visual, el Inglés era un soñador de imágenes, construía una película a partir de ahí y jugaba cariñoso con el espectador, lanzando pistas en pequeñas dosis, utilizando la cámara como un arma de curiosas metáforas y simbolismos en completa reminiscencia con la historia que cuenta. Es por ello, que ya en la primera escena, deja claro el rol de la señora Paradine, acercando la cámara lo máximo posible a su cara, un poco desde el suelo, alimentando su figura de mujer dolida, pero fuerte, la cámara panea (creo que el movimiento giratorio de la cámara es muy inusual incluso para nuestros días), y no lo hace solo aquí. La dirección de los actores dentro de los decorados (magníficos por cierto) es fantástica, me gustaría analizar un par de escenas aparte de la nombrada. Una de ellas acontece en el hotelito donde se hospeda Peck cuando va a ver la casa de los Paradine en el pueblucho. Ahí, tenemos una conversación con el personaje de Andre Latour, y ojito, el montaje apenas muestra muchos cortes, hay un juego de alturas, de encuadres y de simbolismos con la lámpara de araña muy pero que muy claros (la lámpara de araña colocada en medio de ambos personajes, encima de Latour cuando este se está quedando sin respuestas ante la supremacía del personaje de Peck que se muestra por encima de él subido escalonadamente, todo muy psicológico, pero con lenguaje), el uso del decorado es total, y la técnica que usa Hitchcock es sublime. La otra escena tiene lugar en la salida y entrada al estrado de Latour también, y como la cámara hace casi un giro completo para mostrar los sentimientos de Latour y la señora Paradine, a la entrada mostrando a Alida Valli de frente, cabizbaja, y a la salida del testigo, ahora viendo la espalda de esta, que se la da al espectador y al propio personaje de un inconmensurable Louis Jourdan. Así podría tirarme horas, dentro del juicio por ejemplo, la cámara hace todo tipo de movimientos para resaltar el momento (ese plano cenital que ilustra la derrota total de Peck elevando la cámara al techo para poner al personaje de la manera más derrotista y patética posible, es para aplaudir), Hitchcock creo que rueda uno de sus films más completos, aquí está perfecto, pero ¿Cuándo no?.

La música original, otro portento, me ha encantado y me dedicaré a buscarla (me temo que fracasaré en el intento, pero bueno), la partitura del mítico Franz Waxman, autor también de la música de "Rebecca" o de "El Crepúsculo de los Dioses" de Wilder, es misteriosa cuando se lo propone, bella, intimista, compleja, dramática, un score que va de la mano con la película, simplemente perfecto. "El Proceso Paradine" es por tanto, una joya bastante olvidada de su maestro Alfred Hitchcock, para mí, forma parte de sus mejores aportaciones, no ya de su etapa Londinense, sino de toda su filmografía, una joya que recomiendo a cualquier cinéfilo que se considere tal cosa, y quizás, la mejor película sobre juicios que yo halla visto en mi insignificante existencia, con unos personajes memorables (sobretodo los femeninos, deliciosos), una banda sonora perfecta, y una dirección impresionante. Un 10, quiero dedicarle la reseña a mi querida madre y a Juan, que me hicieron despertar mucho el interés por este film, gracias, ha sido inspirador.

NOTA:10/10
RECOMENDACIÓN: Ver en V.O.S./ Cinéfilos
DURACIÓN: 130 min
Ficha en Imdb



1 comentario:

molly dijo...

Gracias!! nos alegra te haya gustado tanto,ale a seguir viendo buen cine que pa eso somos tan pesaos a veces con algunas pelis jeje,xitoss